miércoles, 22 de junio de 2005

En el amor y en la guerra

De la lucha eterna contra el mal viene el triunfo del bien.

San Francisco.

Hoy estuve alrededor de una hora en la Iglesia, ocasión idónea para toda clase de reflexiones y autocrítica. Es para mí además un alimento a la Fe, Cristo es para mí como ese familiar con el que todo se puede compartir, y el cual siempre tiene algo bueno y nuevo que ofrecerte si acudes a Él. En mi caso me transmite ideas, en forma de música, imagenes, palabras... Hoy me brindó una constructiva e interesante resolución sobre la violencia, sobre la guerra y sobre la paz.

La Paz, contrario a las constantes predicaciones de los débiles, ya sea desde sectores dogmáticos de la izquierda o de la derecha, no es el silencio. No es la cesión de lo propio en condescendencia injusta a lo ajeno, ni es una tolerancia que empieza por resquebrajar sus propias bases, mal llamada a veces 'humanismo'.

La Paz, es la armonía, es el consenso, es el acuerdo con matices completadores antes que disgregadores, es el amor mutuo o colectivo hacia una causa, como puede ser una relación estable con tu pareja, una amistad, o esa empresa que fundaste hace media década que empieza a atravesar sus primeras vacas flacas. La Paz es el progreso de las actividades mundanas, permitiendo que su propio concurso sean toda competencia que haga al hombre más combativo y competente, en la lucha por esa Paz. Aqui llegamos, como no podia ser de otro modo, a que la Paz, es el primer motivo de la guerra.

La Paz es la más legítima de las causas de combate, con lo que pese a vencidas, benditas las facciones en la Historia de la Humanidad cuyas reyertas empezaron por lograr la Paz. Una de las primeras y, por algun casual la que ha pervivido aun incluso en nuestros dias en una defensa constante de sí misma, es la Cristiandad. La primera y la única espada del amor.

Esa espada es la que hoy empuñamos los españoles al igual que otras muchas naciones, en esta época de ostracismo doctrinal en el que la guerra ha perdido su sentido y con ella la razón de los hombres. Por eso los que no correspondemos al discurso global de nuestro tiempo, pretendemos empuñar la espada por amor. Decía José Antonio muy acertadamente, 'sólo los fuertes pueden ser dignamente neutrales'. Qué gran verdad, tanto en los fuertes (que no los tiranos) como en lo digno (la base para la Paz verdadera de la que he hablado antes) y en lo neutral (coherente con su discurso, y aplicable a la libertad de un pueblo para decidir sobre sus alianzas, hasta en denegarlas) y yo a ésto pretendo añadir que a menudo la guerra es el mejor acreditativo de una fuerza pacificadora.

No sé vosotros pero yo prefiero poder elegir, a ser perenne o mejor dicho al uso, 'democrática y liberalmente' débil. La Libertad, debería ser a todo ésto, otra forma de entender la Paz, y es por tanto, otra causa que legitimaría una guerra.

BK.

(PD: Gracias una vez más, Padre)

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