Saliendo del paso, atravesando toda suerte de ignominias y cuando AK comenzaba a alzar cabeza frente a unos detractores que perdían fuerza a la vez que nuestro protagonista la recuperaba, uno de estos sucesos aparentemente aleatorios, pero que al principio marcarían ya cierta relevancia a la hora de observar la historia desde la perspectiva analítica, tuvo lugar por aquel entonces.
Los Shalala Umbopo Throwers of Death, son una panda de capullos. Grupo activista de sí mismo (efectivamente, su principio y su fin son ellos mismos, ¿loable verdad?) sin más organización ni hegemonia que las quedadas semanales y la ley del que primero eche a correr que en conjunción con el algoritmo de Justerini & Brooks (no pienses, que la cagas.) formaba en términos generales su visión del mundo y de la vida. Conocidos por su salvajismo, despreciados por su innata cobardía, cada uno de sus miembros tenia una reputación diferente y por ende, el grupo, según que estrellas, si bien el que haya escuchado sus leyendas, o el que los haya sufrido de primera mano.
A Adrenochrome se le presentó, un buen dia por mediación de un aliado que nunca dió el paso al Frente hacia la Flota de AK, al jefe espiritual de los SUTD (o lo que es lo mismo, el personaje al que más caso hacían) y, con la natural bonachonería y con más de un gusto mundano compartido entre los dos conductores de masas, se acabó gestando lo que sería una bonita, que nada fructífera y ni mucho menos larga amistad.
El principal punto a compartir eran sus enemigos, pese a lo poco lógico en principio pero que se comprende fácilmente cuando conoces mejor a tus 'partners in crime' y diagnosticas que pese a rozar la treintena no han superado la primera borrachera a sus doce años. Con todo, y con la 'suerte' de haber podido analizar en buena parte (que luego se mostraría ni total, ni suficiente) las cualidades de estos señores y por tanto saber para qué recurrirlos y por qué huir de ellos, Adrenochrome Kommander plantó recia resistencia y más feroz batalla a sus fantasmas, enfatizándolos como enemigo común de sus nuevos aliados granjeándose con ésto cierto liderazgo y capacidad de convocatoria, que con un poco de lealtad inesperada de los miembros en principio menos proclives y la experiencia de nuestro héroe, culminaron en una brillante victoria a dos bandas: la evidente, y la que sería una victoria con el curso de los acontecimientos.
La evidente es el desterramiento de los detractores residuales, de los invisibles y de las reminiscencias de un Yo demasiado sobrio y aburrido. La que necesitaría de algun tiempo, fue pese a ello igual de válida, puesto que se trataba de anexiones a filas de los que serían pilares ascéticos en las filas de los hombres de Adrenochrome Kommander, cuando los SUTD no fueran el aliado. Con el orden de batalla engordado, la moral de la tropa en auge y una claridad con respecto al futuro, que no se tenía desde hace tiempo, alimentada tal vez por el propio baremo que supone el estado de humor de tus hombres, la Redemption Armada podía volver a apagar motores y quedarse suspendida entre el todo y sumida en la nada de un espacio cada vez más grande y confuso. Porlomenos hasta la siguiente jornada, que les auguraría acción frenética y dificil servicio sin descanso, la tripulación del Escuadrans podía volver a soñar con retornar a Sol Terrae.
El jefe espiritual de los SUTD nunca fue tal jefe, sino más bien un ser entrañable que llenaba noches antes vacías de risas y alcohol.
ResponderEliminarMás que jefe espiritual lo considero un bufón. Sería más acertado.